Es más ciego,el que no quiere ver

Es más ciego el que no quiere ver.

Eran las dos del medio día. El metro, como siempre abarrotado. A veces te entran ganas de irte a casa caminando, para ahorrarte ver y escuchar según que cosas.

Además para más inri el metro está parado, por lo que entra y entra gente, y más gente. La escena que voy a relatar ahora ha sucedido rápida, pero yo la he visto y escuchado a cámara lenta.

Las puertas estaban apunto de cerrar, pues ya habían emitido sus correspondientes pitidos, con los que se supone no puedes ni entrar ni salir, al escucharlos. A la derecha de las puertas del vagón un hombre invidente, golpea con su bastón el suelo, para localizar el espacio vacío quizá, entre el anden y el vagón, y no “meter la pata”, nunca mejor dicho. Un hombre joven, de unos treinta y tantos, a la izquierda, mira al invidente y le grita :

“Deja salir antes de entrar, deja salir antes de entrar”.

Así, sin más. Le grita con todas sus fuerzas. El caso es, que en ese momento ya había salido todo el mundo, pero al hombre, al parecer le ha molestado que el invidente entrase al vagón antes que él, incluso viéndolo todo negro.

Ahí no queda la cosa. El invidente, entra al vagón, y camina entre la gente, como puede, porque el tren está hasta los topes, y logra colocarse en la cola del vagón, no ha  tenido que caminar más que un vagón de distancia. El invidente queda apoyado en las cristaleras del último vagón. Pero el hombre, desde el vagón contiguo continúa maldiciendo al invidente, hace chasquidos raros con la lengua, y busca al invidente con la mirada, pero con una mirada asesina, que os aseguro que te ponía los pelos de punta.

Y me he puesto de mal humor con esa escena. Porque maldita sea, las personas invidentes me infunden mucho respeto. Siempre intento facilitarles el acceso a los sitios. Me parecen personas muy luchadoras y las admiro, porque si yo me quedase ciega me tiraba por una ventana. Admiro su valentía. Viven en un mundo oscuro. Viven con la luz siempre apagada.

Y ha querido el destino, esta tarde, que un sinvergüenza le grite a un invidente por entrar a un vagón.

Malditas sean, una y otra vez este tipo de personas. A ellos les debían de poner una venda en los ojos, y hacerles entrar a un vagón lleno de gente. Y que luego les gritasen con todas sus fuerzas:

“Deja salir antes de entrar”